Las reflexiones de la Abuela

El que tiene un abuelo, tiene un tesoro. Y quién ya no lo tiene, lleva el tesoro en el corazón. En esta sección compartimos reflexiones del día a día, situaciones de andar por casa que ocurren hasta en las mejores familias.

  • Las reflexiones de la Abuela

    CÓMO SER MÁS ORGANIZADO

    Desde que el mundo es mundo, cada día disponemos de 24 valiosas horas. Para la mayoría de los mortales, nos faltan horas. Vivimos en un mundo muy ajetreado y repleto de obligaciones (casa, trabajo, niños…). Digamos que somos como el conejo de Alicia en el país de las Maravillas.

    Con estas agendas tan apretadas, nos surge la necesidad de llevar una vida lo más organizada posible para no caer en el caos más absoluto.

    Es por ello que hoy os traigo 10 tips para ser más organizados.

    PAUTAS PARA SER MÁS ORGANIZADOS:

    1. Lista de tareas. Hacernos una lista de todas las tareas que tenemos para el día, bien sea escribiéndolo en una libretilla o anotándolo en el móvil, nos ayudará a tener una mejor planificación del tiempo.

    2. URGENTE VS. IMPORTANTE.

    ¿Qué diferencia hay entre lo urgente y lo importante?

    • Una tarea urgente es aquella que tiene una fecha límite para ser completada. Lago Fraga nos enseña una fórmula para medir la urgencia de las cosas. Esta es la siguiente:

    Cuanto más próximo de cero,  menos urgente es la tarea. Y cuanto más cerca de 1, más urgente es.

    • Por otro lado, una tarea es importante para nosotros cuando realizarla nos conviene para alcanzar nuestros objetivos.

    Visto así,  es fácil diferenciar lo urgente de lo importante. Pero en la vida real, solemos considerar importante aquello que es urgente.

    Cuando elaboras tu lista de tareas del día, no suele ser fácil establecer qué es importante, qué es urgente, ambas cosas o ninguna. Es por esto que cuanto más arraigado tengas este hábito en tu vida, más fácil te resultará y más eficiente serás.

    3. Reduce, elimina y simplifica. Somos como escarabajos peloteros, nos gusta acumular. Tenemos un montón de ropa, zapatos, un montón de trastos y un montón de tareas. Aprovechando el cambio de temporada, estaría genial abrir armarios y vaciar cajones. Quédate con aquello que realmente usas y necesitas. Mira, de paso igual aún te ganas un dinerillo vendiendo aquello que no usas.

    Y lo mismo con las tareas. Si hoy tienes 50 tareas previstas, redúcelas a 10 (recuerda: urgente vs. importante).

    4. Cada cosa en su sitio. La Abuela dice que una casa desorganizada, aunque esté limpia, parece sucia. Y es verdad. El orden genera harmonía. Desde pequeños, introducimos a los niños en la cultura del orden enseñándoles donde deben guardar los juguetes, los libros, etc. Pero este es un hábito que de mayores tenemos que seguir trabajando.

    5. De uno en uno, por favor. Seas hombre o mujer, haz una cosa a la vez. A mí, reconozco que es algo que me cuesta conseguir. No sé si os pasa pero yo me dirijo a hacer una cosa pero por el camino me encuentro otras tres cosas para hacer. Y me pongo. Y voy haciendo, voy haciendo  y cuando me doy cuenta lo que iba a hacer en un principio lo acabo haciendo tres horas después.

    Mal, muy mal. La multitarea no es productiva.

    Así que ponte con una cosa y termínala. Lo que te encuentres por el camino hazlo después.

    Ya te digo yo que cuesta, pero si yo puedo tu puedes!

    6. Ahora es el mejor momento. Los humanos somos mucho de posponer. Y la procrastinación es mala compañera.

    7. Aprender a decir que no. Si ya tenemos la lista de tareas llena y no podemos abarcar más, hay que decir que NO.

    8. Ahorrar tiempo. Guardar las cosas en el momento nos ahorrará tiempo y contribuirá a mantener el orden.

    9. Pasa lista. Al final de la jornada revisa tu lista de tareas. Si ha quedado alguna pendiente, no te agobies. Mañana más y mejor.

    10. Recarga pilas para afrontar el nuevo día. Y recuerda, lo más importante es simplificar. Y, por supuesto, nunca te olvides de ti. Nada es más importante.

    Contadme, ¿qué hacéis vosotros para organizaros?

     

    Nos vemos!

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    COMO GESTIONAR UNA DECEPCIÓN

    Una de mis grandes preguntas siempre ha sido cómo aprender a gestionar las decepciones. Sobre todo cuando a un ser querido se refiere.

    Sin querer, siempre nos llevamos alguna en la vida. Unas veces son más grandes que otras. Pero lo bueno es que de todas ellas algo aprendemos.

    Cuando somos pequeños, nuestra mente se comporta cuál esponja. Y, sin darnos cuenta, vamos adoptando referentes en nuestras vidas. Personas cercanas a nosotros que idolatramos y ponemos en un pedestal.

    Erróneamente creemos que esas personas son perfectas (o casi) y queremos ser como ellas.

    Pero uno va creciendo y los pajaritos de la cabeza van dispersándose. Empezamos a tener los pies más en el suelo. ¿Y qué le pasa al suelo? Que nos vamos encontrando piedrecitas, piedras, pedruscos, rocas e incluso cadenas montañosas.

    Y aquella persona que teníamos en lo más alto, se nos cae. Quizá no ha hecho nada malo. Simplemente no ha cumplido tus expectativas.

    ¿Y por qué?

    (Yo es que soy mucho de preguntarme el porqué de las cosas, demasiado).

    Cada cual tiene una percepción de la vida en base a sus experiencias, su forma de ser y sus valores. El tema es que la percepción, querido/a amigo/a, es tan subjetiva como la belleza.

    Lo que para mí pueda ser gris, resulta que para ti es negro. Y así todo.

    Yo me he dado (y me sigue pasando) cabezazos contra la pared ante algunas actitudes que para mí no son “normales”. Pero, ¿qué es lo normal?

    Y no es que no sean “normales”, es que no encajan en mi percepción de la realidad. Y a todos nos gusta que el mundo encaje con nuestra realidad. Seguro que a ti también te pasa.

    ¿Y qué ocurre cuando algo no nos encaja? Aquí vienen las decepciones.

    Hay muchas formas de que nos decepcionen. Por ejemplo, a veces alguien nos decepciona con sus comportamientos o, simplemente, no tiene la vida que quisiéramos que tuviera (esto les pasa sobre todo a los papás). Esto es así porque, sin querer, somos exigentes con nosotros mismos y con los que más queremos. Y nos construimos  unas expectativas hacia esa persona que no vemos cumplidas.

    Juzgamos a las personas y las situaciones según nuestra forma de ver la vida y de cómo deben ser las cosas. ¿Pero somos nosotros los que tenemos la posesión de la verdad? En el fondo sabemos que no. ¿Quién la tiene?

    A mi parecer nadie.

    Y cuanto mayor es el lazo emocional, más grande es la decepción que nos llevamos.

    Por tanto, ¿qué podemos hacer para gestionar las decepciones?

    (No dispongo de la guía definitiva para combatirlas, pero os diré algunas cosas que a mí sí me sirven).

    • No podemos pretender que los demás sean y se comporten como nosotros. Nuestra forma de ser, nuestra vida y nuestros comportamientos tampoco son perfectos.
    • Adiós a las altas expectativas. Las personas perfeccionistas (como yo) tenemos una lucha constante por hacerlo siempre mejor. Nunca es suficiente. Nos auto exigimos mucho y a los demás también. Y ahí es cuando viene la ansiedad y las decepciones por las expectativas no cumplidas.
    • Ejercicio de empatía. Esa persona que “te ha fallado” tendrá sus razones y circunstancias para comportarse o hacer las cosas como las ha hecho. Piensa si realmente está haciendo algo malo con su vida o contigo. Si tú consideras que esa persona está equivocada, el tiempo es el gran sabio que lo dirá. Las personas debemos tener la libertad de acertar o errar por nosotras mismas. Si realmente quieres a esa persona, acéptala tal y como es. Lo que sí puedes hacer es expresarle tu opinión (no se la impongas) y apoyarla en todo aquello que puedas y quieras.

    Y con esto, estrenamos la sección:  Las reflexiones de la Abuela.

    Contadme cómo gestionáis vosotros las decepciones. Gracias una vez más por estar ahí detrás de la pantalla. Un abrazo!

  • Las reflexiones de la Abuela

    MENOS ES MÁS.

    Aquí una servidora, la que da voz a elbolsillodemiAbuela, ha descubierto su filosofía de vida a sus veinte y tantos años. Menos es más.

    Bueno, considero que eso es algo que uno lleva dentro según como ha sido educado y su entorno en general. El tema es que somos una sociedad que nos arrastra a otro camino. Nos convencen de que la felicidad está en tener muchas cosas: una casa lujosa, mucha ropa, un buen coche, comprar cosas que creemos necesitar (porque así nos lo venden), tener el mejor Smartphone, ordenador, Tablet, patinete, y más y más…

    Pero me he dado cuenta de que vivir con menos aporta más. ¿Por qué me he dado cuenta? Pues bien, yo no soy una experta en la vida pero sí muy observadora. Me gusta reflexionar mucho. Y un día me di cuenta de que tenía muchas cosas buenas en mi vida pero había una que no me dejaba ser feliz del todo. Tenía un trabajo que no me estaba dejando serlo.

    Y me preguntaba por qué no, si era un trabajo cómodo y, además, me pagaban muy bien. Seguramente el trabajo ideal para muchos: poco trabajo y un buen salario.

    Pero no, para mí no lo era. Yo consideraba que no había dedicado más de 20 años de mi vida a formarme para tener un trabajo dónde no crecía ni personal ni profesionalmente, por muy bien que me pagaran. Entonces me di cuenta de que ahora era el momento de actuar, mañana es demasiado tarde.

    Esa decisión me ha enseñado que como dice la famosa frase: “No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita”. Renunciar a ese trabajo hizo que tomara el control de mis finanzas y, únicamente, tuvo como consecuencia “negativa” (que personalmente no me lo parece) tener que renunciar a poder comprar más cosas innecesarias en mi vida.

    Por más que te quieran convencer, no necesitas lo mejor de lo mejor del mercado ni cada vez más y más.

    Hay otra frase que me gusta mucho y es: no trabajes por dinero, haz que el dinero trabaje para ti.

    El objetivo de este blog es volver a esa esencia en la forma de vida de nuestros abuelos. Ellos eran felices con mucho menos. No necesitaban para vivir tantas cosas como hoy queremos acumular.

    La felicidad no es tener muchas cosas materiales, eso nos quieren hacer creer. Y llenamos muchos vacíos personales así. Permíteme que te diga que por más comprar, los vacíos no se van a llenar.

    Tampoco se trata de tener una vida mediocre, ser tacaño ni nada de eso. Se trata de centrarse en lo que verdaderamente importa. Cambiar tu relación con el dinero y tomar las riendas de tu economía para conseguir todo aquello que te propongas.